domingo, 22 de mayo de 2011

¿QUÉ ES LA MODERNIDAD? SEGÚN MARSHALL BERMAN

Por: Mónica Fandiño Ayala y
Mauricio Gómez.

La modernidad parafraseando a Marshall Berman es: una experiencia vital o una postura filosófica, que se fundamenta en las ideas impulsadas por la burguesía en el siglo XVII, y que conduce al individuo, a adquirir la conciencia del ser y del estar en el mundo. “Ser moderno, es enfrentarse con todo – perdidas y ganancias – a un entorno que ofrece aventura, peligro, poder, subordinación, alegría, nostalgia, crecimiento, transformación, etc”; es cotejarse con el individuo en el tiempo y en el espacio.

Para comprender mejor esta noción, es necesario revisar primero, los conceptos de modernismo y modernización.

Al modernismo, puede definírsele como, un movimiento sociocultural de carácter dialéctico que recoge las ideas de la modernidad, para configurar mediante ellas una esencia artística y promociona, simultaneamente, el culto de lo nuevo por lo nuevo. Y la modernización, se entiende como, todos aquellos procesos sociales, económicos, culturales, científicos y tecnológicos materializados por el modernismo que se derivan del paradigma del pensamiento moderno. Hasta aquí solo hemos diferenciado modernidad, modernismo y modernización, pero, no hemos tratado a fondo el concepto de modernidad, conviene en segunda instancia examinar la evolución de dicho concepto.

La modernidad ha presentado tres fases: la primera fase, se sitúa en los siglos XVII y XVIII, en ella el hombre es conciente que habita un mundo turbulento con continuos y radicales cambios y contradicciones, pero, no existe un público moderno concreto, con el cual, intercambiar las percepciones de su condición. La segunda fase, inicia en la década de 1790 con la Revolución Francesa y se extiende por todo el siglo XIX, en ella surge el gran público moderno, que comparte la sensación de estar viviendo una época de grandes revoluciones en todos los ámbitos de la vida humana. La tercera y ultima fase, abarca todo el siglo XX, aquí el publico moderno se globaliza, se fragmenta y, al mismo tiempo, se da el triunfo de la cultura del modernismo.

En la primera fase, la voz arquetípica es la de Rousseau. Quien percibe con asombro el torbellino de la sociedad de su época, esto es, la conciencia de la fugacidad de las cosas, por eso nos dice que, lo que se ama hoy no se sabe si se amará mañana, Rousseau llega a esta conclusión producto de las exploraciones que hace al paisaje moderno y en las que encuentra, además, ambigüedades y contradicciones. En la segunda fase, sobresalen las voces de Marx y Nietzsche. Marx plantea que la atmosfera moderna proviene de causas sociológicas que ocasionan el resquebrajamiento de la sociedad, la condición del ser humano dentro de la sociedad se configura radicalmente paradójica, así el ser humano debe afrontar su devenir en la historia con las ganancias y pérdidas que esto implique, esto lleva a la individualización del ser. Nietzsche al igual que Marx asume la modernidad con alegría, nos dice entonces, los modernos solo hallan bienaventuranza en tanto se encuentren dentro del violento ritmo social, Nietzsche cree en la relatividad de los valores; en contraposición a Marx, quien profesa confianza en una ética colectiva, como vemos ambos coinciden en que el mundo es fugaz, pero desde orillas distintas.

En la tercera fase, las voces de la modernidad se contraponen. Los futuristas, creen ciegamente en que la evolución de las máquinas llevara al hombre alcanzar el anhelado progreso, pero olvidan, el coste humano que ello acarrea: “al hombre no le queda mas que enchufar la máquina”. En contraste Max Weber, afirma que el ser humano esta preso por los avances tecnológicos que lo vuelven un ser frívolo y unidimensional, sin sentimientos, configurando así una visión escéptica del modernismo, esta fe en las maquinas trajo consigo un efecto de boomerang, ya que, la tecnología se volcó irremediablemente contra el propio hombre.

En suma, el modernismo del siglo XX nos dio una lección que nunca olvidaremos. Este siglo se caracterizo por ser prolífico en el diseño y creación de máquinas que mejorarían la calidad de vida del ser humano, paralelo a esto, las guerras mundiales arrojaron millones de muertos gracias al uso de esta tecnología.

Esto hizo que en los años 60´s apareciera un modernismo que tenia tres tendencias una afirmativa, una negativa y una aislada. En la aislada, se concibe el valor del arte por el arte, es decir, este se sustrae de la realidad y queda limitado a la mera técnica; la negativa, apuesta por un arte cuyo objetivo es mostrar las fisuras de la sociedad modernista, dejando por fuera los aspectos positivos de esta sociedad; finalmente, la tendencia afirmativa recoge los productos culturales de la industria y propone crear con ellos un arte que evidencie el rol del hombre dentro de la sociedad consumista, olvidando el criticismo que permite valorar los conflictos de la existencia humana.

Como lo afirma Michael Foucault, en esta época los ideales modernos se han diluido, estos le han permitido al hombre fijarse sueños de libertad, pero al no concretarlos ha quedado prisionero de ellos, en otras palabras, las almas humanas se moldean para adaptarse a los barrotes, dentro de este paradigma moderno nunca seremos libres. Todas estas revisiones de la modernidad, comparten la conciencia del ser y del estar en el mundo, no obstante, se radicalizan dejando de lado aquello que caracterizo a las primeras tradiciones modernas – las tradiciones de Rousseau, Marx y Nietzsche – la ambigüedad y la contradicción. Es posible, construir una cultura moderna contemporánea si volvemos a las raíces de la modernidad.

BIBLIOGRAFIA

BERMAN, Marshall. Introducción a la modernidad: Ayer, hoy y mañana. Todo lo sólido se desvanece en el aire, la experiencia de la modernidad. Siglo veintiuno XXI editores, 5ª edición. Colombia, 1989. Pág. 1-28.

martes, 1 de junio de 2010

AL LECTOR

Por: Mauricio Gómez

En Colombia todos los días escuchamos a nuestros conciudadanos el mismo ruego: “¡Ojala que los grupos armados ilegales se decidan a hacer la paz!” Son numerosas y, por todos conocidas, las razones que justifican este clamor; no obstante, si analizamos rigurosamente diferentes aspectos del acontecer nacional, descubrimos que el anhelo de los colombianos resulta demasiado paradójico.

En otras palabras, somos un pueblo culturalmente violento y con un cinismo tan aberrante, que no nos permite aceptar que la paz comienza por cada uno de nosotros, que la paz se alcanza aceptando el pensamiento diferente y no excluyéndolo ó tomándolo como objeto burla, ó bien, considerándolo como producto de resentimientos sociales, que la paz requiere de la implementación una verdadera cultura del dialogo y de la argumentación que solo es posible concretar a través de la educación.

De la situación anterior se desprenden los siguientes interrogantes, los cuales, valdria la pena que intentaramos responder:

1) ¿Qué educación podemos impartir los profesores a nuestros niños y jóvenes en las instituciones educativas, si estas, se han convertido en auténticos campos de concentración? Allí, los docentes enfrentamos otra paradoja: debemos desempeñar el papel de un policía, pues, hemos de controlar los brotes de vandalismo que tristemente protagonizan los estudiantes; papel que desempeñamos infructuosamente, porque, los gobiernos han hecho creer a los colombianos, mediante los medios de comunicación (llámese RCN, Caracol, El Tiempo, El Espectador, etc.) que el gremio docente es un gremio de izquierdistas, resentidos, terroristas y ávidos de dinero, lo anterior, ha derivado en la perdida de todo tipo de autoridad de los profesores sobre los educandos, inclusive la autoridad intelectual.

2) ¿Qué colaboración podemos esperar los educadores de parte de los padres de familia en el proceso educativo, si ellos, deben cumplir con extensas jornadas laborales (por un sueldo de miseria) y, no les queda tiempo suficiente, para supervisar los deberes escolares de sus hijos y reprender sus pataletas? Aclaro: no estoy indilgando la culpa de los fracasos educativos a los padres de familia, ni exonerando de cualquier culpa a los docentes, ni más faltaba. Estoy diciendo que Colombia es un país de pocas oportunidades laborales, pues, solo se ofertan trabajos de mano de obra barata y los ciudadanos se ven obligados a tomar estos empleos que no ofrecen ninguna estabilidad laboral solo para no dejar morir de hambre a sus familias, aún a sabiendas, de que en ellos serán explotados infamemente.

Y 3) Ante la impotencia de profesores y padres de familia ¿En manos de quien queda la tarea de educar a nuestros niños y jóvenes? La respuesta es aun más preocupante: la televisión. Pero, que tipo de educación pueden recibir los jóvenes a través de unos canales de corte comercial, chovinistas, esnobistas, sexistas y xenofóbicos. Ninguna ¿verdad? Lo único que puede lograrse es que se genere en el inconsciente de los televidentes intolerancia e indiferencia. Además, cuando un hijo le dice a sus padres: “en el colegio un niño me esta haciendo la vida a cuadrito”, los padres en lugar de dirigirse al colegio a poner de manifiesto la situación y así hallar una solución más civilizada, le dicen al niño: “dele duro no se deje”, y cuando el niño hace lo que sus padres le dijeron, estos tienen la desfachatez de felicitarlo diciéndole: “es que mi chinito es un valiente”. Valiente gracia aconsejar de este modo en un país que quiere la paz. ¿Qué no es esto la semilla para el violento del mañana?

No nos extrañe, por tanto, escuchar en la radio, observar en la tele ó leer en el periódico: “Un hombre mato a su mujer de 57 puñaladas y un disparo en la cabeza, porque, esta se negó a lavarle su ropa interior” ó “enardecido profesor le propino una paliza a un estudiante, porque, este se negó a portarse como persona dentro del aula de clase y encima lo insulto” ó “una mujer fue violada y descuartizada en trozos iguales a cubos de hielo, el asesino anda libre por falta de pruebas, aunque el día de la indagatoria se vieron extrañas manchas rojas en su chaqueta” otro ejemplo “paramilitar que confeso haber ejecutado a cerca de 1500 personas, queda libre por vencimiento de términos, dice que lo hizo para salvaguardar su humilde hacienda de 3000 hectáreas”; estos son solo algunos ejemplos de lo que se alcanza a dar a conocer en la prensa amarillista y en los diarios de crónica negra.

La realidad es aun más complicada. El ICBF, es uno de los entes gubernamentales que reconocen, que cada año aumentan de manera alarmante los índices de violencia intrafamiliar, sus voceros, declaran que es imposible atenuar este fenómeno, porque, el presupuesto del instituto es escaso para actuar en todos los casos. En educación, cada año desertan del aparato educativo miles de estudiantes, ya sea por motivos económicos, o bien, por cansarse de repetir los errores a que los ha llevado la misma escuela, pues, como bien es sabido la educación Colombiana es una de las más malas del continente americano.

Se preguntara usted: ¿Cómo puede ocurrir todo esto en Colombia si tenemos al “mejor presidente de América Latina”? ¿De quien es la culpa de que todo esto ocurra? De seguro no querrá saberlo: de usted señor lector (elector). De usted que se ha dejado seducir por ocho años, por el discurso más guerrerista, el más belicoso, el más intolerante, el discurso más carente de argumentos, de usted que piensa perpetuar por cuatro años más esta infamia.

¿Acaso quiere más falsos positivos, más explotación laboral, más desacatos y reformas a la Constitución del 91 (que ya a esta altura no se sabe si es de 1991 ó de 2003 ó de 2006 ó yo que se), más campesinos mendigando en las ciudades porque “el agro ingreso seguro” lo único seguro fue que les quito su sustento, mas últimos lugares en educación, ciencia y tecnología, más escándalos de corrupción, etc.?

¡Piénselo! Y si esto no es esto lo que usted desea para el país, entonces, porque va a reelegir las mismas desgastadas promesas de “la seguridad democrática”, que ahora, con su nuevo ropaje pretenden llamarse “prosperidad democrática”. ¿Prosperidad para quien? Para el grupo Santodomingo?, para el grupo Planeta?, para el grupo Saludcoop? Para Fedegan? No se, imagino que todos estos y muchos más tendrá su buena tajadita.

Mientras tanto, nos siguen echando la misma cháchara: “la única manera de alcanzar la paz es comprar armamento para repartir bala a diestra y siniestra a los facinerosos terroristas”. Ya no más ¡por favor! No fueron suficientes ocho años para demostrar que este no es el camino, que de haber sido así hace rato los hubieran acabado completamente. Que si bien es cierto que gran parte de la violencia de nuestro país es causada por ellos, también y como lo dije anteriormente, nosotros tenemos parte en ella, nosotros que aplaudimos a un tipo que mata a su mujer porque esta le adorno la frente, nosotros que aplaudimos al irrespetuoso que se coló en la fila de un banco ¡tan vivo le decimos!, nosotros que aplaudimos a un candidato que anuncia que su más grande gasto va a ser comprar armas y que de invertir en educación ni habla.

No me mal interprete, con lo anterior, no lo estoy invitantando a votar por el candidato del partido verde quien es tan verde que ya en alguna ocasión se bajo los pantalones en publico. Lo estoy invitando a no votar, a la desobediencia civil, a manifestar que ninguno de los candidatos esta calificado para dirigir los hilos del país, porque, ninguno va a favorecer a nadie, salvo a su elite, porque, en Colombia la democracia es una ramera. En síntesis, lo estoy invitando a que si no esta desacuerdo con su conciudadano dialogue con el, intercambien argumentos, trate de comprender su punto de vista (tenga este razón ó no ¿acaso usted cree tener la ultima palabra?) y de esta manera evitar más derramamiento de sangre, lo estoy invitando a desechar la violencia como mecanismo de la democracia colombiana, todo dentro de los parámetros de la ética y la comunicación y, siempre recordando, que la violencia solo engendra más violencia.

Facatativá – Colombia,
1 de Junio de 2010.

viernes, 23 de abril de 2010

LAS PALABRAS

Todo lo que usted quiera, si señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen... Vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola... Todo está en la palabra... Una idea entera se cambia porque una palabra se transladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció... Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos... Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos dejaron todo... Nos dejaron las palabras.


Pablo Neruda, Confieso que he vivido : memorias.

viernes, 2 de abril de 2010

COMO MATAR UN RECUERDO

Para la ternura hecha mujer.

Por: Mauricio Gómez

Aspira a cronos a través de un cigarro.
No pierdas el tiempo esperando llamados tele-paticos.
Hazle muecas a la vida.
Dedica tiempo a no pensar.
No mires nunca atrás.
Si escuchas música debes ser consciente,
de que tal vez, la cura sea peor que la enfermedad.
Lanza los dados todos los días y ruega por un par.
Adquiere la virtud de Job.
Si te sientes asfixiada,
intenta nadar en las aguas de la nostalgia.
No intentes contar estrellas,
siempre habrá una con un nombre tormentoso.
Al despertar en las mañanas,
procura no recordar que día es.
No comas ansias, se realista,
recuerda que las penas con pan son buenas.
Pero si a pesar de todo el recuerdo persiste,
no importa, ¡lo que necesitas es tiempo!

viernes, 14 de diciembre de 2007

LA VIOLENCIA SIMBOLICA EN
CIEN AÑOS DE SOLEDAD.

Por: Freddy Mauricio Gómez.
Estudiante De Licenciatura En Lengua Castellana.
Universidad Del Tolima.

"Macondo no es un lugar físico,
sino, un estado del alma". Gabo.

INTRODUCCION

El presente articulo, pretende realizar una breve mirada a los elementos que configuran la identidad literaria nacional. Para tal efecto, tomaremos como referente la obra cumbre de la literatura colombiana “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez, más concretamente, someteremos a juicio los aspectos de índole social y político inmersos al interior de la novela y, que nos dan argumentos suficientes para ubicarla dentro de la literatura de la Violencia.

Nuestra reflexión se justifica por cuanto permitirá develar la manera como el fenómeno de la violencia de mediados del siglo XX, se vuelve una constante preocupación en la producción literaria de los narradores patrios, hasta el punto de constituirse en un momento del origen y la evolución de nuestras letras; por otra parte, también es valido describir la forma como el contexto histórico marco la inspiración de García Márquez, materializando la penosa realidad de los años cincuenta y sesenta en el fantástico mundo de macondo.

En busca de ser lo mas objetivos y concretos y con la intención de no enredar o en el peor de los casos aburrir al respetado lector, expondremos la lectura que tenemos de la valoración hacha por García Márquez del fenómeno de la violencia en tres niveles, a saber: la cuestión de la identidad literaria nacional, la forma en que su novela se ancla a ella y la manera en que macondo representa la crisis del estado nacional; estas tres fases son las que en ultimas, constituyen la perspectiva de García Marquéis frente a la realidad colombiana.

CIEN AÑOS DE SOLEDAD EN LA IDENTIDAD LITERARIA NACIONAL

Hemos de recordar, que en Colombia el primer intento por construir una literatura con identidad nacional se halla en la crónica de indias, según Valcárcel por crónica debe entenderse “el testimonio directo de alguien que haya participado en el proceso de exploración y colonización”
[1], estas crónicas eran fundamentadas según el mismo Valcárcel “en una relación entre hechos, signada por las opiniones de quienes las escribían”[2] y, su finalidad era netamente informativa cumpliendo así con los parámetros de legalidad que demandaba la corona.

A este primer asedio de identidad en la literatura colombiana, se suma la crónica novelesca urbana, la cual, para el profesor Diógenes Fajardo “se orienta a la descripción de algunos aspectos de la vida de la colonia”
[3] cuando apenas se empezaban a establecer las primeras ciudades y, continua diciendo “evidentemente el lector constata el cuadro caótico, pintado por la pluma del escritor, vela y desvela las grietas de la construcción colonial”[4].

Tras la conquista y la colonota, sobreviene un periodo literario que los críticos no han dudado en denominar costumbrismo, los escritores de este periodo como lo afirma Carlos Reyes “se caracterizan por pintar de un modo verídico y certero las formas de vida y lenguaje, los hábitos y sentimientos del pueblo en ese entonces”
[5]. A este respecto el mismo Reyes añade “los costumbristas buscan unirse en torno a un punto particular y formar a partir de esa unión, una literatura con identidad nacional”[6], no obstante, los escritores costumbristas no lograron consolidar un oficio independiente, ya que, en sus escritos se siguieron evidenciando marcadas posiciones hegemónicas.

Los periodos literarios que acabamos de mencionar tienen particularidades en los estilos de escritura y las temáticas que manejan. Así por ejemplo, en lo relacionado con la escritura las narraciones son siempre lineales y el lenguaje utilizado es muy depurado y tecnificado, esto se explica, si recordamos que la mayoría de estos escritos eran documentos históricos: cartas, actas, bitácoras, crónicas, etc. En lo que tiene que ver con los temas existe una clara orientación a escribir sobre la cotidianidad del momento histórico: en la conquista, se escribía sobre el proceso de exploración de las nuevas tierras; en la colonia, se sistematizaban los rituales sociales de la elite neogranadina. Pero en últimas, lo que siempre se quiso hacer fue construir una identidad propia.

La influencia que tuvieron los escritores de un periodo en el periodo que le seguía no puede olvidarse. Lo que causo que la evolución literaria fuera muy lenta, debido quizás, a que los escritores retomaban muchos de los elementos de la etapa anterior y los reelaboraban con innovaciones mínimas, además, había arraigado un pensamiento conservador muy reacio a la novedad; esta dinámica se mantuvo hasta entrado el siglo xx, cuando por el auge del modernismo se empezaron a romper ciertos paradigmas que se tenían al momento de escribir, lo que no oculta para nada, que seguían presentándose vicios al escribir.

Solo hasta la aparición de cien años de soledad se rompe con la tradición literaria que había imperado. “Instaurándose una renovación caracterizada precisamente por la atención a la peculiaridad americana (colombiana), desde una estética que aúna en el realismo y lo fantástico como forma única de expresar las características del mundo americano (colombiano)”
[7], lo que sucedió fue que se eliminaron las nociones literarias maniqueas, de elaborar literaturas hiperrealistas o extremadamente fantásticas y se empiezan a reemplazar por mezclas de realidad e imaginación como una forma de decir que el ser colombiano también implica el sueno.

En Garcia Marquez hay una preocupación por la estética y el uso de nuevas técnicas narrativas, Gabo fue pionero en “escribir una ficción depurada estilísticamente, manejada con técnicas renovadoras como los juegos temporales, la combinación de personas narrativas, el contrapunto, etc”
[8]. El mismo lenguaje es enriquecido con sociolectos que tienen una gran carga semántica, proveniente de la idiosincrasia y la sabiduría popular.

La aparición de nuevos temas como los problemas políticos, sin dejar de lado la tradición narrativa realista anterior, que comprendía temas de la naturaleza, el mundo indígena y la cotidianidad colombiana; dan vía libre a una reflexión mas filosófica sobre que significa realmente ser colombiano. Debemos entender entonces que la mezcla de lo real y lo imaginario para Garcia Marquez es la respuesta correcta y perfecta a la compleja y variada naturaleza social del colombiano representada en el ámbito político. “Los sucesos de la obra de Garcia Marquez son manifestación de la corporeizacion de los mitos americanos (colombianos), se busca ahora la identidad colombiana precisamente a través de esa otra realidad que es el inconciente colectivo, combinada con la realidad cotidiana o histórica de los habitantes de Colombia”
[9].

Esto lo único que puede llegar a significar, es que el realismo mágico es el reflejo literario de lo que implica el ser colombiano, una extraña hibrides entre las concepciones simbólicas y el modo de pensar racionalmente, que hacen asumir el pasado histórico y las relaciones políticas de una forma bastante peculiar.

MACONDO VISTO COMO EL ESPEJO DEL ESTADO COLOMBIANO

Innegable resulta el hecho de que en Colombia después de la “independencia” configurada bajo la imagen del libertador, poco o nada es lo que se ha logrado para configurar y consolidar un imaginario simbólico colectivo que nos cobije a todos, sin que hasta el momento se halla conseguido nada. Tal situación, es la que plantea García Márquez en cien años de soledad, lo anterior resulta valido y puede evidenciarse, en el carácter cíclico del tema de la violencia que se vislumbra en esta obra. Comprender por tanto, que las representación de continuas convulsiones sociales concretadas en el evento repetitivo de la guerra, no indica que aun los partidos políticos no han tenido una victoria total el uno sobre el otro; podemos mejor asumir, que lo que Garcia Marquez denuncia es lo inútil y desgastador que resulta el asunto de la violencia bipartidista, puesto que, esta no deviene de la pugna entre las ideas liberales y/o conservadoras.

La violencia de Macondo escapa a esta lógica y, se ubica en aquella lógica que habla de la carencia de una figura, un símbolo, una idea, un héroe o como se le quiera llamar; mediante la que se canalice una unidad nacional. La metáfora o referente mas cercano del héroe nacional, que tienen los pobladores de Macondo esta encarnada la persona del coronel Aureliano Buendía, personaje que si observamos y analizamos mejor, tampoco podría convertirse en el héroe o caudillo a seguir, por que, ni siquiera el mismo conoce las razones de su lucha y en lugar, de levantarse como el norte e idea clara del héroe nacional, Garcia Marque nos lo muestra como el mejor ejemplo de la disparidad del ser colombiano. Por esta razón, la novela no se reduce a una simple guerra, porque inclusive, en los momentos que el evento no aparece la crisis o violencia simbólica sigue siendo una constante latente.

García Márquez lejos de referirse al asunto de la legitimidad del estado nacional, dirigido por los partidos que se mataban entre si y masacraban a la población inocente, durante la época de la violencia; lo que hace es reflexionar en torno a la carencia de imaginarios simbólicos colectivos que aglutinen y fusionen el estado con la nación. En esta dirección Augusto Escobar es muy claro al señalar “hasta ahora se ha llamado literatura de la violencia a toda la literatura que se ha escrito con relación a dicho fenómeno, sin establecer diferencia alguna en cuanto a la calidad estética, ni a la manera de tratar dicha temática en las novelas que se escribieron antes del plebiscito nacional de 1958”
[10], tenemos entonces, que la verdadera y autentica literatura de la violencia, es aquella que, escapa a la lógica de retomar el problema y volverlo algo testimonial; la verdadera literatura de la violencia, debe ser un arte literario en donde el escritor retome el fenómeno, no como el pretexto perfecto para manifestar su posición política, sino, en busca de elaborar reflexiones mas profundas del hecho. En esto radica el merito de nuestro apreciado Gabo.

Augusto Escobar también aclara “muchas de las obras de la literatura de la violencia que antecedieron a cien años de soledad, inclusive muchas de las que le precedieron, fueron concebidas a partir del triste error de valorar el acontecer nacional desde una perspectiva netamente política”
[11], con ello lo único que consiguió el grupo de escritores que entendió la violencia de esta forma, fue generar una visión apocalíptica del destino que le esperaba al estado colombiano en manos de uno u otro partido político. Esta es por tanto, la esencia de la propuesta literaria del fenómeno de la violencia que hace Gabriel García Márquez, quien, extrae el conflicto del plano de lo material y lo coloca en el plano de las ideas, mostrándonos a macondo no como un lugar físico, sino, como un estado del alma.

La visión de Garcia Márquez frente a lo que es el estado nacional, si bien, no deja de ser apocalíptica se traslada a otra esfera de ideas, no ya la de las ideas bipartidistas, sino a unas ideas de concepción mas ancestral o si se quiere mas antropológicas de la configuración del estado colombiano. “Existe una carencia de cohesión simbólica nacional evidente en los mitos de fundación, de combate y finalidad del estado”
[12]. Digamos por tanto que la crisis del estado macondiano es la guerra, infructífera por lo demás, emprendida por el coronel Aureliano Buendía a causa de su aversión por las ideas conservadoras. Para Gabo la crisis de la violencia no se limita a combatir mediante el corone Alureliano Buendía las recalcitrantes ideas conservadoras, es decir, no es el objetivo del escritor darle a este personaje la voceria de un discurso político enunciado desde las ideas liberales, ni mucho menos, es intención de Garcia Márquez[13] describir su inconformismo con la presencia de la figura del gringo en nuestro contexto y menos aun, denunciar el genocidio imperial de la masacre de las bananeras. “La crisis del estado corresponde mas bien al vació en que se encuentra, corresponde a la longevidad de una serie de guerras sin ningún norte, que han afectado el devenir de nuestro pueblo”[14], todo ello, producto de la simultaneidad de lo simultaneo que nos caracteriza y, que por esas mismas simultaneidades no somos capaces de dar cabida a un pensamientos abierto y por esto adoptamos el pensamiento hegemónico.

Todo para decir, como ya se dijo más arriba que macondo es un pueblo inconcluso, creado por cuestiones del azaroso destino, sin un origen definido, que existe por existir, que sus héroes no son lo que son, que sus luchas están condenadas al fracaso si antes no definen un objetivo. En síntesis, pensar en Cien años de soledad es pensar en las paradojas, las contradicciones y la disparidad de las gentes de macondo, “lo que sucede es que la mezcla de realidad y de ficción macóndianas expresan los continuos conflictos y formas de sentir del ser de nuestras latitudes”
[15]. La violencia de cien años de soledad no es del simple nivel de violencia entre godos y libertos, sin embargo esta ligada a lo político como directa manifestación de la nación colombiana, ¿acaso lo que Gabo nos dice es entonces que somos un pueblo violento por tradición?, esta es la violencia simbólica de que habla Cien años de soledad.







[1] Valcárcel Simón, las crónicas de indias como expresión y configuración de la mentalidad renacentista. España: diputación provincial de granada. 1997. Pág. 11
[2] Ibíd. Pag 21.
[3] Fajardo Diógenes, “El carnero: crónica novelesca urbana” en coleccionistas de nubes: ensayo sobre literatura colombiana. Bogota, instituto caro y curvo, 2002. Pag. 39
[4] Ibíd. Pág. 39
[5] Reyes, Carlos, “el costumbrismo en Colombia” en manual de la literatura colombiana. Bogota, procultura, 1988. pag. 89
[6] Ibíd., Pág. 89.
[7] Pérez, Vénzala, Valentín. Notas sobre el realismo mágico. Minotauro digital, www.minotaurodigital.net, febrero 2002, Párrafo 1.
[8] Ibíd., párrafo 4.
[9] Ibíd., párrafo 6.
[10] Escobar, Augusto, “literatura y violencia en la linea de fuego” en AAVV, literatura y cultura: narrativa colombiana del siglo xx, Colombia, ministerio de cultura, 2002, pag 324.
[11] Ibíd., Pág. 325.
[12] Urrego, Miguel, Ángel. “La crisis del estado nacional, en Colombia”, en: debates sobre el sujeto, perspectivas contemporáneas. Bogota, Universidad Central. Siglo del hombre editores.2004. Pág 246.
[13] García, Márquez, Gabriel. Cien años de soledad. Bogota, Biblioteca El tiempo. 2001.
[14] Urrego, Ibíd., Pág. 242.
[15] Monroy, Zuluaga, Leonardo. Notas de clase del núcleo: Temas de literatura colombiana. Universidad del Tolima, Semestre B 2007.