Por: Mauricio Gómez
En Colombia todos los días escuchamos a nuestros conciudadanos el mismo ruego: “¡Ojala que los grupos armados ilegales se decidan a hacer la paz!” Son numerosas y, por todos conocidas, las razones que justifican este clamor; no obstante, si analizamos rigurosamente diferentes aspectos del acontecer nacional, descubrimos que el anhelo de los colombianos resulta demasiado paradójico.
En otras palabras, somos un pueblo culturalmente violento y con un cinismo tan aberrante, que no nos permite aceptar que la paz comienza por cada uno de nosotros, que la paz se alcanza aceptando el pensamiento diferente y no excluyéndolo ó tomándolo como objeto burla, ó bien, considerándolo como producto de resentimientos sociales, que la paz requiere de la implementación una verdadera cultura del dialogo y de la argumentación que solo es posible concretar a través de la educación.
De la situación anterior se desprenden los siguientes interrogantes, los cuales, valdria la pena que intentaramos responder:
1) ¿Qué educación podemos impartir los profesores a nuestros niños y jóvenes en las instituciones educativas, si estas, se han convertido en auténticos campos de concentración? Allí, los docentes enfrentamos otra paradoja: debemos desempeñar el papel de un policía, pues, hemos de controlar los brotes de vandalismo que tristemente protagonizan los estudiantes; papel que desempeñamos infructuosamente, porque, los gobiernos han hecho creer a los colombianos, mediante los medios de comunicación (llámese RCN, Caracol, El Tiempo, El Espectador, etc.) que el gremio docente es un gremio de izquierdistas, resentidos, terroristas y ávidos de dinero, lo anterior, ha derivado en la perdida de todo tipo de autoridad de los profesores sobre los educandos, inclusive la autoridad intelectual.
2) ¿Qué colaboración podemos esperar los educadores de parte de los padres de familia en el proceso educativo, si ellos, deben cumplir con extensas jornadas laborales (por un sueldo de miseria) y, no les queda tiempo suficiente, para supervisar los deberes escolares de sus hijos y reprender sus pataletas? Aclaro: no estoy indilgando la culpa de los fracasos educativos a los padres de familia, ni exonerando de cualquier culpa a los docentes, ni más faltaba. Estoy diciendo que Colombia es un país de pocas oportunidades laborales, pues, solo se ofertan trabajos de mano de obra barata y los ciudadanos se ven obligados a tomar estos empleos que no ofrecen ninguna estabilidad laboral solo para no dejar morir de hambre a sus familias, aún a sabiendas, de que en ellos serán explotados infamemente.
Y 3) Ante la impotencia de profesores y padres de familia ¿En manos de quien queda la tarea de educar a nuestros niños y jóvenes? La respuesta es aun más preocupante: la televisión. Pero, que tipo de educación pueden recibir los jóvenes a través de unos canales de corte comercial, chovinistas, esnobistas, sexistas y xenofóbicos. Ninguna ¿verdad? Lo único que puede lograrse es que se genere en el inconsciente de los televidentes intolerancia e indiferencia. Además, cuando un hijo le dice a sus padres: “en el colegio un niño me esta haciendo la vida a cuadrito”, los padres en lugar de dirigirse al colegio a poner de manifiesto la situación y así hallar una solución más civilizada, le dicen al niño: “dele duro no se deje”, y cuando el niño hace lo que sus padres le dijeron, estos tienen la desfachatez de felicitarlo diciéndole: “es que mi chinito es un valiente”. Valiente gracia aconsejar de este modo en un país que quiere la paz. ¿Qué no es esto la semilla para el violento del mañana?
No nos extrañe, por tanto, escuchar en la radio, observar en la tele ó leer en el periódico: “Un hombre mato a su mujer de 57 puñaladas y un disparo en la cabeza, porque, esta se negó a lavarle su ropa interior” ó “enardecido profesor le propino una paliza a un estudiante, porque, este se negó a portarse como persona dentro del aula de clase y encima lo insulto” ó “una mujer fue violada y descuartizada en trozos iguales a cubos de hielo, el asesino anda libre por falta de pruebas, aunque el día de la indagatoria se vieron extrañas manchas rojas en su chaqueta” otro ejemplo “paramilitar que confeso haber ejecutado a cerca de 1500 personas, queda libre por vencimiento de términos, dice que lo hizo para salvaguardar su humilde hacienda de 3000 hectáreas”; estos son solo algunos ejemplos de lo que se alcanza a dar a conocer en la prensa amarillista y en los diarios de crónica negra.
La realidad es aun más complicada. El ICBF, es uno de los entes gubernamentales que reconocen, que cada año aumentan de manera alarmante los índices de violencia intrafamiliar, sus voceros, declaran que es imposible atenuar este fenómeno, porque, el presupuesto del instituto es escaso para actuar en todos los casos. En educación, cada año desertan del aparato educativo miles de estudiantes, ya sea por motivos económicos, o bien, por cansarse de repetir los errores a que los ha llevado la misma escuela, pues, como bien es sabido la educación Colombiana es una de las más malas del continente americano.
Se preguntara usted: ¿Cómo puede ocurrir todo esto en Colombia si tenemos al “mejor presidente de América Latina”? ¿De quien es la culpa de que todo esto ocurra? De seguro no querrá saberlo: de usted señor lector (elector). De usted que se ha dejado seducir por ocho años, por el discurso más guerrerista, el más belicoso, el más intolerante, el discurso más carente de argumentos, de usted que piensa perpetuar por cuatro años más esta infamia.
¿Acaso quiere más falsos positivos, más explotación laboral, más desacatos y reformas a la Constitución del 91 (que ya a esta altura no se sabe si es de 1991 ó de 2003 ó de 2006 ó yo que se), más campesinos mendigando en las ciudades porque “el agro ingreso seguro” lo único seguro fue que les quito su sustento, mas últimos lugares en educación, ciencia y tecnología, más escándalos de corrupción, etc.?
¡Piénselo! Y si esto no es esto lo que usted desea para el país, entonces, porque va a reelegir las mismas desgastadas promesas de “la seguridad democrática”, que ahora, con su nuevo ropaje pretenden llamarse “prosperidad democrática”. ¿Prosperidad para quien? Para el grupo Santodomingo?, para el grupo Planeta?, para el grupo Saludcoop? Para Fedegan? No se, imagino que todos estos y muchos más tendrá su buena tajadita.
Mientras tanto, nos siguen echando la misma cháchara: “la única manera de alcanzar la paz es comprar armamento para repartir bala a diestra y siniestra a los facinerosos terroristas”. Ya no más ¡por favor! No fueron suficientes ocho años para demostrar que este no es el camino, que de haber sido así hace rato los hubieran acabado completamente. Que si bien es cierto que gran parte de la violencia de nuestro país es causada por ellos, también y como lo dije anteriormente, nosotros tenemos parte en ella, nosotros que aplaudimos a un tipo que mata a su mujer porque esta le adorno la frente, nosotros que aplaudimos al irrespetuoso que se coló en la fila de un banco ¡tan vivo le decimos!, nosotros que aplaudimos a un candidato que anuncia que su más grande gasto va a ser comprar armas y que de invertir en educación ni habla.
No me mal interprete, con lo anterior, no lo estoy invitantando a votar por el candidato del partido verde quien es tan verde que ya en alguna ocasión se bajo los pantalones en publico. Lo estoy invitando a no votar, a la desobediencia civil, a manifestar que ninguno de los candidatos esta calificado para dirigir los hilos del país, porque, ninguno va a favorecer a nadie, salvo a su elite, porque, en Colombia la democracia es una ramera. En síntesis, lo estoy invitando a que si no esta desacuerdo con su conciudadano dialogue con el, intercambien argumentos, trate de comprender su punto de vista (tenga este razón ó no ¿acaso usted cree tener la ultima palabra?) y de esta manera evitar más derramamiento de sangre, lo estoy invitando a desechar la violencia como mecanismo de la democracia colombiana, todo dentro de los parámetros de la ética y la comunicación y, siempre recordando, que la violencia solo engendra más violencia.
Facatativá – Colombia,
1 de Junio de 2010.
En Colombia todos los días escuchamos a nuestros conciudadanos el mismo ruego: “¡Ojala que los grupos armados ilegales se decidan a hacer la paz!” Son numerosas y, por todos conocidas, las razones que justifican este clamor; no obstante, si analizamos rigurosamente diferentes aspectos del acontecer nacional, descubrimos que el anhelo de los colombianos resulta demasiado paradójico.
En otras palabras, somos un pueblo culturalmente violento y con un cinismo tan aberrante, que no nos permite aceptar que la paz comienza por cada uno de nosotros, que la paz se alcanza aceptando el pensamiento diferente y no excluyéndolo ó tomándolo como objeto burla, ó bien, considerándolo como producto de resentimientos sociales, que la paz requiere de la implementación una verdadera cultura del dialogo y de la argumentación que solo es posible concretar a través de la educación.
De la situación anterior se desprenden los siguientes interrogantes, los cuales, valdria la pena que intentaramos responder:
1) ¿Qué educación podemos impartir los profesores a nuestros niños y jóvenes en las instituciones educativas, si estas, se han convertido en auténticos campos de concentración? Allí, los docentes enfrentamos otra paradoja: debemos desempeñar el papel de un policía, pues, hemos de controlar los brotes de vandalismo que tristemente protagonizan los estudiantes; papel que desempeñamos infructuosamente, porque, los gobiernos han hecho creer a los colombianos, mediante los medios de comunicación (llámese RCN, Caracol, El Tiempo, El Espectador, etc.) que el gremio docente es un gremio de izquierdistas, resentidos, terroristas y ávidos de dinero, lo anterior, ha derivado en la perdida de todo tipo de autoridad de los profesores sobre los educandos, inclusive la autoridad intelectual.
2) ¿Qué colaboración podemos esperar los educadores de parte de los padres de familia en el proceso educativo, si ellos, deben cumplir con extensas jornadas laborales (por un sueldo de miseria) y, no les queda tiempo suficiente, para supervisar los deberes escolares de sus hijos y reprender sus pataletas? Aclaro: no estoy indilgando la culpa de los fracasos educativos a los padres de familia, ni exonerando de cualquier culpa a los docentes, ni más faltaba. Estoy diciendo que Colombia es un país de pocas oportunidades laborales, pues, solo se ofertan trabajos de mano de obra barata y los ciudadanos se ven obligados a tomar estos empleos que no ofrecen ninguna estabilidad laboral solo para no dejar morir de hambre a sus familias, aún a sabiendas, de que en ellos serán explotados infamemente.
Y 3) Ante la impotencia de profesores y padres de familia ¿En manos de quien queda la tarea de educar a nuestros niños y jóvenes? La respuesta es aun más preocupante: la televisión. Pero, que tipo de educación pueden recibir los jóvenes a través de unos canales de corte comercial, chovinistas, esnobistas, sexistas y xenofóbicos. Ninguna ¿verdad? Lo único que puede lograrse es que se genere en el inconsciente de los televidentes intolerancia e indiferencia. Además, cuando un hijo le dice a sus padres: “en el colegio un niño me esta haciendo la vida a cuadrito”, los padres en lugar de dirigirse al colegio a poner de manifiesto la situación y así hallar una solución más civilizada, le dicen al niño: “dele duro no se deje”, y cuando el niño hace lo que sus padres le dijeron, estos tienen la desfachatez de felicitarlo diciéndole: “es que mi chinito es un valiente”. Valiente gracia aconsejar de este modo en un país que quiere la paz. ¿Qué no es esto la semilla para el violento del mañana?
No nos extrañe, por tanto, escuchar en la radio, observar en la tele ó leer en el periódico: “Un hombre mato a su mujer de 57 puñaladas y un disparo en la cabeza, porque, esta se negó a lavarle su ropa interior” ó “enardecido profesor le propino una paliza a un estudiante, porque, este se negó a portarse como persona dentro del aula de clase y encima lo insulto” ó “una mujer fue violada y descuartizada en trozos iguales a cubos de hielo, el asesino anda libre por falta de pruebas, aunque el día de la indagatoria se vieron extrañas manchas rojas en su chaqueta” otro ejemplo “paramilitar que confeso haber ejecutado a cerca de 1500 personas, queda libre por vencimiento de términos, dice que lo hizo para salvaguardar su humilde hacienda de 3000 hectáreas”; estos son solo algunos ejemplos de lo que se alcanza a dar a conocer en la prensa amarillista y en los diarios de crónica negra.
La realidad es aun más complicada. El ICBF, es uno de los entes gubernamentales que reconocen, que cada año aumentan de manera alarmante los índices de violencia intrafamiliar, sus voceros, declaran que es imposible atenuar este fenómeno, porque, el presupuesto del instituto es escaso para actuar en todos los casos. En educación, cada año desertan del aparato educativo miles de estudiantes, ya sea por motivos económicos, o bien, por cansarse de repetir los errores a que los ha llevado la misma escuela, pues, como bien es sabido la educación Colombiana es una de las más malas del continente americano.
Se preguntara usted: ¿Cómo puede ocurrir todo esto en Colombia si tenemos al “mejor presidente de América Latina”? ¿De quien es la culpa de que todo esto ocurra? De seguro no querrá saberlo: de usted señor lector (elector). De usted que se ha dejado seducir por ocho años, por el discurso más guerrerista, el más belicoso, el más intolerante, el discurso más carente de argumentos, de usted que piensa perpetuar por cuatro años más esta infamia.
¿Acaso quiere más falsos positivos, más explotación laboral, más desacatos y reformas a la Constitución del 91 (que ya a esta altura no se sabe si es de 1991 ó de 2003 ó de 2006 ó yo que se), más campesinos mendigando en las ciudades porque “el agro ingreso seguro” lo único seguro fue que les quito su sustento, mas últimos lugares en educación, ciencia y tecnología, más escándalos de corrupción, etc.?
¡Piénselo! Y si esto no es esto lo que usted desea para el país, entonces, porque va a reelegir las mismas desgastadas promesas de “la seguridad democrática”, que ahora, con su nuevo ropaje pretenden llamarse “prosperidad democrática”. ¿Prosperidad para quien? Para el grupo Santodomingo?, para el grupo Planeta?, para el grupo Saludcoop? Para Fedegan? No se, imagino que todos estos y muchos más tendrá su buena tajadita.
Mientras tanto, nos siguen echando la misma cháchara: “la única manera de alcanzar la paz es comprar armamento para repartir bala a diestra y siniestra a los facinerosos terroristas”. Ya no más ¡por favor! No fueron suficientes ocho años para demostrar que este no es el camino, que de haber sido así hace rato los hubieran acabado completamente. Que si bien es cierto que gran parte de la violencia de nuestro país es causada por ellos, también y como lo dije anteriormente, nosotros tenemos parte en ella, nosotros que aplaudimos a un tipo que mata a su mujer porque esta le adorno la frente, nosotros que aplaudimos al irrespetuoso que se coló en la fila de un banco ¡tan vivo le decimos!, nosotros que aplaudimos a un candidato que anuncia que su más grande gasto va a ser comprar armas y que de invertir en educación ni habla.
No me mal interprete, con lo anterior, no lo estoy invitantando a votar por el candidato del partido verde quien es tan verde que ya en alguna ocasión se bajo los pantalones en publico. Lo estoy invitando a no votar, a la desobediencia civil, a manifestar que ninguno de los candidatos esta calificado para dirigir los hilos del país, porque, ninguno va a favorecer a nadie, salvo a su elite, porque, en Colombia la democracia es una ramera. En síntesis, lo estoy invitando a que si no esta desacuerdo con su conciudadano dialogue con el, intercambien argumentos, trate de comprender su punto de vista (tenga este razón ó no ¿acaso usted cree tener la ultima palabra?) y de esta manera evitar más derramamiento de sangre, lo estoy invitando a desechar la violencia como mecanismo de la democracia colombiana, todo dentro de los parámetros de la ética y la comunicación y, siempre recordando, que la violencia solo engendra más violencia.
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