LA VIOLENCIA SIMBOLICA EN
CIEN AÑOS DE SOLEDAD.
Por: Freddy Mauricio Gómez.
Estudiante De Licenciatura En Lengua Castellana.
CIEN AÑOS DE SOLEDAD.
Por: Freddy Mauricio Gómez.
Estudiante De Licenciatura En Lengua Castellana.
Universidad Del Tolima.
"Macondo no es un lugar físico,
sino, un estado del alma". Gabo.
INTRODUCCION
El presente articulo, pretende realizar una breve mirada a los elementos que configuran la identidad literaria nacional. Para tal efecto, tomaremos como referente la obra cumbre de la literatura colombiana “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez, más concretamente, someteremos a juicio los aspectos de índole social y político inmersos al interior de la novela y, que nos dan argumentos suficientes para ubicarla dentro de la literatura de la Violencia.
Nuestra reflexión se justifica por cuanto permitirá develar la manera como el fenómeno de la violencia de mediados del siglo XX, se vuelve una constante preocupación en la producción literaria de los narradores patrios, hasta el punto de constituirse en un momento del origen y la evolución de nuestras letras; por otra parte, también es valido describir la forma como el contexto histórico marco la inspiración de García Márquez, materializando la penosa realidad de los años cincuenta y sesenta en el fantástico mundo de macondo.
En busca de ser lo mas objetivos y concretos y con la intención de no enredar o en el peor de los casos aburrir al respetado lector, expondremos la lectura que tenemos de la valoración hacha por García Márquez del fenómeno de la violencia en tres niveles, a saber: la cuestión de la identidad literaria nacional, la forma en que su novela se ancla a ella y la manera en que macondo representa la crisis del estado nacional; estas tres fases son las que en ultimas, constituyen la perspectiva de García Marquéis frente a la realidad colombiana.
CIEN AÑOS DE SOLEDAD EN LA IDENTIDAD LITERARIA NACIONAL
Hemos de recordar, que en Colombia el primer intento por construir una literatura con identidad nacional se halla en la crónica de indias, según Valcárcel por crónica debe entenderse “el testimonio directo de alguien que haya participado en el proceso de exploración y colonización”[1], estas crónicas eran fundamentadas según el mismo Valcárcel “en una relación entre hechos, signada por las opiniones de quienes las escribían”[2] y, su finalidad era netamente informativa cumpliendo así con los parámetros de legalidad que demandaba la corona.
A este primer asedio de identidad en la literatura colombiana, se suma la crónica novelesca urbana, la cual, para el profesor Diógenes Fajardo “se orienta a la descripción de algunos aspectos de la vida de la colonia”[3] cuando apenas se empezaban a establecer las primeras ciudades y, continua diciendo “evidentemente el lector constata el cuadro caótico, pintado por la pluma del escritor, vela y desvela las grietas de la construcción colonial”[4].
Tras la conquista y la colonota, sobreviene un periodo literario que los críticos no han dudado en denominar costumbrismo, los escritores de este periodo como lo afirma Carlos Reyes “se caracterizan por pintar de un modo verídico y certero las formas de vida y lenguaje, los hábitos y sentimientos del pueblo en ese entonces”[5]. A este respecto el mismo Reyes añade “los costumbristas buscan unirse en torno a un punto particular y formar a partir de esa unión, una literatura con identidad nacional”[6], no obstante, los escritores costumbristas no lograron consolidar un oficio independiente, ya que, en sus escritos se siguieron evidenciando marcadas posiciones hegemónicas.
Los periodos literarios que acabamos de mencionar tienen particularidades en los estilos de escritura y las temáticas que manejan. Así por ejemplo, en lo relacionado con la escritura las narraciones son siempre lineales y el lenguaje utilizado es muy depurado y tecnificado, esto se explica, si recordamos que la mayoría de estos escritos eran documentos históricos: cartas, actas, bitácoras, crónicas, etc. En lo que tiene que ver con los temas existe una clara orientación a escribir sobre la cotidianidad del momento histórico: en la conquista, se escribía sobre el proceso de exploración de las nuevas tierras; en la colonia, se sistematizaban los rituales sociales de la elite neogranadina. Pero en últimas, lo que siempre se quiso hacer fue construir una identidad propia.
La influencia que tuvieron los escritores de un periodo en el periodo que le seguía no puede olvidarse. Lo que causo que la evolución literaria fuera muy lenta, debido quizás, a que los escritores retomaban muchos de los elementos de la etapa anterior y los reelaboraban con innovaciones mínimas, además, había arraigado un pensamiento conservador muy reacio a la novedad; esta dinámica se mantuvo hasta entrado el siglo xx, cuando por el auge del modernismo se empezaron a romper ciertos paradigmas que se tenían al momento de escribir, lo que no oculta para nada, que seguían presentándose vicios al escribir.
Solo hasta la aparición de cien años de soledad se rompe con la tradición literaria que había imperado. “Instaurándose una renovación caracterizada precisamente por la atención a la peculiaridad americana (colombiana), desde una estética que aúna en el realismo y lo fantástico como forma única de expresar las características del mundo americano (colombiano)”[7], lo que sucedió fue que se eliminaron las nociones literarias maniqueas, de elaborar literaturas hiperrealistas o extremadamente fantásticas y se empiezan a reemplazar por mezclas de realidad e imaginación como una forma de decir que el ser colombiano también implica el sueno.
En Garcia Marquez hay una preocupación por la estética y el uso de nuevas técnicas narrativas, Gabo fue pionero en “escribir una ficción depurada estilísticamente, manejada con técnicas renovadoras como los juegos temporales, la combinación de personas narrativas, el contrapunto, etc”[8]. El mismo lenguaje es enriquecido con sociolectos que tienen una gran carga semántica, proveniente de la idiosincrasia y la sabiduría popular.
La aparición de nuevos temas como los problemas políticos, sin dejar de lado la tradición narrativa realista anterior, que comprendía temas de la naturaleza, el mundo indígena y la cotidianidad colombiana; dan vía libre a una reflexión mas filosófica sobre que significa realmente ser colombiano. Debemos entender entonces que la mezcla de lo real y lo imaginario para Garcia Marquez es la respuesta correcta y perfecta a la compleja y variada naturaleza social del colombiano representada en el ámbito político. “Los sucesos de la obra de Garcia Marquez son manifestación de la corporeizacion de los mitos americanos (colombianos), se busca ahora la identidad colombiana precisamente a través de esa otra realidad que es el inconciente colectivo, combinada con la realidad cotidiana o histórica de los habitantes de Colombia”[9].
Esto lo único que puede llegar a significar, es que el realismo mágico es el reflejo literario de lo que implica el ser colombiano, una extraña hibrides entre las concepciones simbólicas y el modo de pensar racionalmente, que hacen asumir el pasado histórico y las relaciones políticas de una forma bastante peculiar.
MACONDO VISTO COMO EL ESPEJO DEL ESTADO COLOMBIANO
Innegable resulta el hecho de que en Colombia después de la “independencia” configurada bajo la imagen del libertador, poco o nada es lo que se ha logrado para configurar y consolidar un imaginario simbólico colectivo que nos cobije a todos, sin que hasta el momento se halla conseguido nada. Tal situación, es la que plantea García Márquez en cien años de soledad, lo anterior resulta valido y puede evidenciarse, en el carácter cíclico del tema de la violencia que se vislumbra en esta obra. Comprender por tanto, que las representación de continuas convulsiones sociales concretadas en el evento repetitivo de la guerra, no indica que aun los partidos políticos no han tenido una victoria total el uno sobre el otro; podemos mejor asumir, que lo que Garcia Marquez denuncia es lo inútil y desgastador que resulta el asunto de la violencia bipartidista, puesto que, esta no deviene de la pugna entre las ideas liberales y/o conservadoras.
La violencia de Macondo escapa a esta lógica y, se ubica en aquella lógica que habla de la carencia de una figura, un símbolo, una idea, un héroe o como se le quiera llamar; mediante la que se canalice una unidad nacional. La metáfora o referente mas cercano del héroe nacional, que tienen los pobladores de Macondo esta encarnada la persona del coronel Aureliano Buendía, personaje que si observamos y analizamos mejor, tampoco podría convertirse en el héroe o caudillo a seguir, por que, ni siquiera el mismo conoce las razones de su lucha y en lugar, de levantarse como el norte e idea clara del héroe nacional, Garcia Marque nos lo muestra como el mejor ejemplo de la disparidad del ser colombiano. Por esta razón, la novela no se reduce a una simple guerra, porque inclusive, en los momentos que el evento no aparece la crisis o violencia simbólica sigue siendo una constante latente.
García Márquez lejos de referirse al asunto de la legitimidad del estado nacional, dirigido por los partidos que se mataban entre si y masacraban a la población inocente, durante la época de la violencia; lo que hace es reflexionar en torno a la carencia de imaginarios simbólicos colectivos que aglutinen y fusionen el estado con la nación. En esta dirección Augusto Escobar es muy claro al señalar “hasta ahora se ha llamado literatura de la violencia a toda la literatura que se ha escrito con relación a dicho fenómeno, sin establecer diferencia alguna en cuanto a la calidad estética, ni a la manera de tratar dicha temática en las novelas que se escribieron antes del plebiscito nacional de 1958”[10], tenemos entonces, que la verdadera y autentica literatura de la violencia, es aquella que, escapa a la lógica de retomar el problema y volverlo algo testimonial; la verdadera literatura de la violencia, debe ser un arte literario en donde el escritor retome el fenómeno, no como el pretexto perfecto para manifestar su posición política, sino, en busca de elaborar reflexiones mas profundas del hecho. En esto radica el merito de nuestro apreciado Gabo.
Augusto Escobar también aclara “muchas de las obras de la literatura de la violencia que antecedieron a cien años de soledad, inclusive muchas de las que le precedieron, fueron concebidas a partir del triste error de valorar el acontecer nacional desde una perspectiva netamente política”[11], con ello lo único que consiguió el grupo de escritores que entendió la violencia de esta forma, fue generar una visión apocalíptica del destino que le esperaba al estado colombiano en manos de uno u otro partido político. Esta es por tanto, la esencia de la propuesta literaria del fenómeno de la violencia que hace Gabriel García Márquez, quien, extrae el conflicto del plano de lo material y lo coloca en el plano de las ideas, mostrándonos a macondo no como un lugar físico, sino, como un estado del alma.
La visión de Garcia Márquez frente a lo que es el estado nacional, si bien, no deja de ser apocalíptica se traslada a otra esfera de ideas, no ya la de las ideas bipartidistas, sino a unas ideas de concepción mas ancestral o si se quiere mas antropológicas de la configuración del estado colombiano. “Existe una carencia de cohesión simbólica nacional evidente en los mitos de fundación, de combate y finalidad del estado”[12]. Digamos por tanto que la crisis del estado macondiano es la guerra, infructífera por lo demás, emprendida por el coronel Aureliano Buendía a causa de su aversión por las ideas conservadoras. Para Gabo la crisis de la violencia no se limita a combatir mediante el corone Alureliano Buendía las recalcitrantes ideas conservadoras, es decir, no es el objetivo del escritor darle a este personaje la voceria de un discurso político enunciado desde las ideas liberales, ni mucho menos, es intención de Garcia Márquez[13] describir su inconformismo con la presencia de la figura del gringo en nuestro contexto y menos aun, denunciar el genocidio imperial de la masacre de las bananeras. “La crisis del estado corresponde mas bien al vació en que se encuentra, corresponde a la longevidad de una serie de guerras sin ningún norte, que han afectado el devenir de nuestro pueblo”[14], todo ello, producto de la simultaneidad de lo simultaneo que nos caracteriza y, que por esas mismas simultaneidades no somos capaces de dar cabida a un pensamientos abierto y por esto adoptamos el pensamiento hegemónico.
Todo para decir, como ya se dijo más arriba que macondo es un pueblo inconcluso, creado por cuestiones del azaroso destino, sin un origen definido, que existe por existir, que sus héroes no son lo que son, que sus luchas están condenadas al fracaso si antes no definen un objetivo. En síntesis, pensar en Cien años de soledad es pensar en las paradojas, las contradicciones y la disparidad de las gentes de macondo, “lo que sucede es que la mezcla de realidad y de ficción macóndianas expresan los continuos conflictos y formas de sentir del ser de nuestras latitudes”[15]. La violencia de cien años de soledad no es del simple nivel de violencia entre godos y libertos, sin embargo esta ligada a lo político como directa manifestación de la nación colombiana, ¿acaso lo que Gabo nos dice es entonces que somos un pueblo violento por tradición?, esta es la violencia simbólica de que habla Cien años de soledad.
[1] Valcárcel Simón, las crónicas de indias como expresión y configuración de la mentalidad renacentista. España: diputación provincial de granada. 1997. Pág. 11
[2] Ibíd. Pag 21.
[3] Fajardo Diógenes, “El carnero: crónica novelesca urbana” en coleccionistas de nubes: ensayo sobre literatura colombiana. Bogota, instituto caro y curvo, 2002. Pag. 39
[4] Ibíd. Pág. 39
[5] Reyes, Carlos, “el costumbrismo en Colombia” en manual de la literatura colombiana. Bogota, procultura, 1988. pag. 89
[6] Ibíd., Pág. 89.
[7] Pérez, Vénzala, Valentín. Notas sobre el realismo mágico. Minotauro digital, www.minotaurodigital.net, febrero 2002, Párrafo 1.
[8] Ibíd., párrafo 4.
[9] Ibíd., párrafo 6.
[10] Escobar, Augusto, “literatura y violencia en la linea de fuego” en AAVV, literatura y cultura: narrativa colombiana del siglo xx, Colombia, ministerio de cultura, 2002, pag 324.
[11] Ibíd., Pág. 325.
[12] Urrego, Miguel, Ángel. “La crisis del estado nacional, en Colombia”, en: debates sobre el sujeto, perspectivas contemporáneas. Bogota, Universidad Central. Siglo del hombre editores.2004. Pág 246.
[13] García, Márquez, Gabriel. Cien años de soledad. Bogota, Biblioteca El tiempo. 2001.
[14] Urrego, Ibíd., Pág. 242.
[15] Monroy, Zuluaga, Leonardo. Notas de clase del núcleo: Temas de literatura colombiana. Universidad del Tolima, Semestre B 2007.
"Macondo no es un lugar físico,
sino, un estado del alma". Gabo.
INTRODUCCION
El presente articulo, pretende realizar una breve mirada a los elementos que configuran la identidad literaria nacional. Para tal efecto, tomaremos como referente la obra cumbre de la literatura colombiana “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez, más concretamente, someteremos a juicio los aspectos de índole social y político inmersos al interior de la novela y, que nos dan argumentos suficientes para ubicarla dentro de la literatura de la Violencia.
Nuestra reflexión se justifica por cuanto permitirá develar la manera como el fenómeno de la violencia de mediados del siglo XX, se vuelve una constante preocupación en la producción literaria de los narradores patrios, hasta el punto de constituirse en un momento del origen y la evolución de nuestras letras; por otra parte, también es valido describir la forma como el contexto histórico marco la inspiración de García Márquez, materializando la penosa realidad de los años cincuenta y sesenta en el fantástico mundo de macondo.
En busca de ser lo mas objetivos y concretos y con la intención de no enredar o en el peor de los casos aburrir al respetado lector, expondremos la lectura que tenemos de la valoración hacha por García Márquez del fenómeno de la violencia en tres niveles, a saber: la cuestión de la identidad literaria nacional, la forma en que su novela se ancla a ella y la manera en que macondo representa la crisis del estado nacional; estas tres fases son las que en ultimas, constituyen la perspectiva de García Marquéis frente a la realidad colombiana.
CIEN AÑOS DE SOLEDAD EN LA IDENTIDAD LITERARIA NACIONAL
Hemos de recordar, que en Colombia el primer intento por construir una literatura con identidad nacional se halla en la crónica de indias, según Valcárcel por crónica debe entenderse “el testimonio directo de alguien que haya participado en el proceso de exploración y colonización”[1], estas crónicas eran fundamentadas según el mismo Valcárcel “en una relación entre hechos, signada por las opiniones de quienes las escribían”[2] y, su finalidad era netamente informativa cumpliendo así con los parámetros de legalidad que demandaba la corona.
A este primer asedio de identidad en la literatura colombiana, se suma la crónica novelesca urbana, la cual, para el profesor Diógenes Fajardo “se orienta a la descripción de algunos aspectos de la vida de la colonia”[3] cuando apenas se empezaban a establecer las primeras ciudades y, continua diciendo “evidentemente el lector constata el cuadro caótico, pintado por la pluma del escritor, vela y desvela las grietas de la construcción colonial”[4].
Tras la conquista y la colonota, sobreviene un periodo literario que los críticos no han dudado en denominar costumbrismo, los escritores de este periodo como lo afirma Carlos Reyes “se caracterizan por pintar de un modo verídico y certero las formas de vida y lenguaje, los hábitos y sentimientos del pueblo en ese entonces”[5]. A este respecto el mismo Reyes añade “los costumbristas buscan unirse en torno a un punto particular y formar a partir de esa unión, una literatura con identidad nacional”[6], no obstante, los escritores costumbristas no lograron consolidar un oficio independiente, ya que, en sus escritos se siguieron evidenciando marcadas posiciones hegemónicas.
Los periodos literarios que acabamos de mencionar tienen particularidades en los estilos de escritura y las temáticas que manejan. Así por ejemplo, en lo relacionado con la escritura las narraciones son siempre lineales y el lenguaje utilizado es muy depurado y tecnificado, esto se explica, si recordamos que la mayoría de estos escritos eran documentos históricos: cartas, actas, bitácoras, crónicas, etc. En lo que tiene que ver con los temas existe una clara orientación a escribir sobre la cotidianidad del momento histórico: en la conquista, se escribía sobre el proceso de exploración de las nuevas tierras; en la colonia, se sistematizaban los rituales sociales de la elite neogranadina. Pero en últimas, lo que siempre se quiso hacer fue construir una identidad propia.
La influencia que tuvieron los escritores de un periodo en el periodo que le seguía no puede olvidarse. Lo que causo que la evolución literaria fuera muy lenta, debido quizás, a que los escritores retomaban muchos de los elementos de la etapa anterior y los reelaboraban con innovaciones mínimas, además, había arraigado un pensamiento conservador muy reacio a la novedad; esta dinámica se mantuvo hasta entrado el siglo xx, cuando por el auge del modernismo se empezaron a romper ciertos paradigmas que se tenían al momento de escribir, lo que no oculta para nada, que seguían presentándose vicios al escribir.
Solo hasta la aparición de cien años de soledad se rompe con la tradición literaria que había imperado. “Instaurándose una renovación caracterizada precisamente por la atención a la peculiaridad americana (colombiana), desde una estética que aúna en el realismo y lo fantástico como forma única de expresar las características del mundo americano (colombiano)”[7], lo que sucedió fue que se eliminaron las nociones literarias maniqueas, de elaborar literaturas hiperrealistas o extremadamente fantásticas y se empiezan a reemplazar por mezclas de realidad e imaginación como una forma de decir que el ser colombiano también implica el sueno.
En Garcia Marquez hay una preocupación por la estética y el uso de nuevas técnicas narrativas, Gabo fue pionero en “escribir una ficción depurada estilísticamente, manejada con técnicas renovadoras como los juegos temporales, la combinación de personas narrativas, el contrapunto, etc”[8]. El mismo lenguaje es enriquecido con sociolectos que tienen una gran carga semántica, proveniente de la idiosincrasia y la sabiduría popular.
La aparición de nuevos temas como los problemas políticos, sin dejar de lado la tradición narrativa realista anterior, que comprendía temas de la naturaleza, el mundo indígena y la cotidianidad colombiana; dan vía libre a una reflexión mas filosófica sobre que significa realmente ser colombiano. Debemos entender entonces que la mezcla de lo real y lo imaginario para Garcia Marquez es la respuesta correcta y perfecta a la compleja y variada naturaleza social del colombiano representada en el ámbito político. “Los sucesos de la obra de Garcia Marquez son manifestación de la corporeizacion de los mitos americanos (colombianos), se busca ahora la identidad colombiana precisamente a través de esa otra realidad que es el inconciente colectivo, combinada con la realidad cotidiana o histórica de los habitantes de Colombia”[9].
Esto lo único que puede llegar a significar, es que el realismo mágico es el reflejo literario de lo que implica el ser colombiano, una extraña hibrides entre las concepciones simbólicas y el modo de pensar racionalmente, que hacen asumir el pasado histórico y las relaciones políticas de una forma bastante peculiar.
MACONDO VISTO COMO EL ESPEJO DEL ESTADO COLOMBIANO
Innegable resulta el hecho de que en Colombia después de la “independencia” configurada bajo la imagen del libertador, poco o nada es lo que se ha logrado para configurar y consolidar un imaginario simbólico colectivo que nos cobije a todos, sin que hasta el momento se halla conseguido nada. Tal situación, es la que plantea García Márquez en cien años de soledad, lo anterior resulta valido y puede evidenciarse, en el carácter cíclico del tema de la violencia que se vislumbra en esta obra. Comprender por tanto, que las representación de continuas convulsiones sociales concretadas en el evento repetitivo de la guerra, no indica que aun los partidos políticos no han tenido una victoria total el uno sobre el otro; podemos mejor asumir, que lo que Garcia Marquez denuncia es lo inútil y desgastador que resulta el asunto de la violencia bipartidista, puesto que, esta no deviene de la pugna entre las ideas liberales y/o conservadoras.
La violencia de Macondo escapa a esta lógica y, se ubica en aquella lógica que habla de la carencia de una figura, un símbolo, una idea, un héroe o como se le quiera llamar; mediante la que se canalice una unidad nacional. La metáfora o referente mas cercano del héroe nacional, que tienen los pobladores de Macondo esta encarnada la persona del coronel Aureliano Buendía, personaje que si observamos y analizamos mejor, tampoco podría convertirse en el héroe o caudillo a seguir, por que, ni siquiera el mismo conoce las razones de su lucha y en lugar, de levantarse como el norte e idea clara del héroe nacional, Garcia Marque nos lo muestra como el mejor ejemplo de la disparidad del ser colombiano. Por esta razón, la novela no se reduce a una simple guerra, porque inclusive, en los momentos que el evento no aparece la crisis o violencia simbólica sigue siendo una constante latente.
García Márquez lejos de referirse al asunto de la legitimidad del estado nacional, dirigido por los partidos que se mataban entre si y masacraban a la población inocente, durante la época de la violencia; lo que hace es reflexionar en torno a la carencia de imaginarios simbólicos colectivos que aglutinen y fusionen el estado con la nación. En esta dirección Augusto Escobar es muy claro al señalar “hasta ahora se ha llamado literatura de la violencia a toda la literatura que se ha escrito con relación a dicho fenómeno, sin establecer diferencia alguna en cuanto a la calidad estética, ni a la manera de tratar dicha temática en las novelas que se escribieron antes del plebiscito nacional de 1958”[10], tenemos entonces, que la verdadera y autentica literatura de la violencia, es aquella que, escapa a la lógica de retomar el problema y volverlo algo testimonial; la verdadera literatura de la violencia, debe ser un arte literario en donde el escritor retome el fenómeno, no como el pretexto perfecto para manifestar su posición política, sino, en busca de elaborar reflexiones mas profundas del hecho. En esto radica el merito de nuestro apreciado Gabo.
Augusto Escobar también aclara “muchas de las obras de la literatura de la violencia que antecedieron a cien años de soledad, inclusive muchas de las que le precedieron, fueron concebidas a partir del triste error de valorar el acontecer nacional desde una perspectiva netamente política”[11], con ello lo único que consiguió el grupo de escritores que entendió la violencia de esta forma, fue generar una visión apocalíptica del destino que le esperaba al estado colombiano en manos de uno u otro partido político. Esta es por tanto, la esencia de la propuesta literaria del fenómeno de la violencia que hace Gabriel García Márquez, quien, extrae el conflicto del plano de lo material y lo coloca en el plano de las ideas, mostrándonos a macondo no como un lugar físico, sino, como un estado del alma.
La visión de Garcia Márquez frente a lo que es el estado nacional, si bien, no deja de ser apocalíptica se traslada a otra esfera de ideas, no ya la de las ideas bipartidistas, sino a unas ideas de concepción mas ancestral o si se quiere mas antropológicas de la configuración del estado colombiano. “Existe una carencia de cohesión simbólica nacional evidente en los mitos de fundación, de combate y finalidad del estado”[12]. Digamos por tanto que la crisis del estado macondiano es la guerra, infructífera por lo demás, emprendida por el coronel Aureliano Buendía a causa de su aversión por las ideas conservadoras. Para Gabo la crisis de la violencia no se limita a combatir mediante el corone Alureliano Buendía las recalcitrantes ideas conservadoras, es decir, no es el objetivo del escritor darle a este personaje la voceria de un discurso político enunciado desde las ideas liberales, ni mucho menos, es intención de Garcia Márquez[13] describir su inconformismo con la presencia de la figura del gringo en nuestro contexto y menos aun, denunciar el genocidio imperial de la masacre de las bananeras. “La crisis del estado corresponde mas bien al vació en que se encuentra, corresponde a la longevidad de una serie de guerras sin ningún norte, que han afectado el devenir de nuestro pueblo”[14], todo ello, producto de la simultaneidad de lo simultaneo que nos caracteriza y, que por esas mismas simultaneidades no somos capaces de dar cabida a un pensamientos abierto y por esto adoptamos el pensamiento hegemónico.
Todo para decir, como ya se dijo más arriba que macondo es un pueblo inconcluso, creado por cuestiones del azaroso destino, sin un origen definido, que existe por existir, que sus héroes no son lo que son, que sus luchas están condenadas al fracaso si antes no definen un objetivo. En síntesis, pensar en Cien años de soledad es pensar en las paradojas, las contradicciones y la disparidad de las gentes de macondo, “lo que sucede es que la mezcla de realidad y de ficción macóndianas expresan los continuos conflictos y formas de sentir del ser de nuestras latitudes”[15]. La violencia de cien años de soledad no es del simple nivel de violencia entre godos y libertos, sin embargo esta ligada a lo político como directa manifestación de la nación colombiana, ¿acaso lo que Gabo nos dice es entonces que somos un pueblo violento por tradición?, esta es la violencia simbólica de que habla Cien años de soledad.
[1] Valcárcel Simón, las crónicas de indias como expresión y configuración de la mentalidad renacentista. España: diputación provincial de granada. 1997. Pág. 11
[2] Ibíd. Pag 21.
[3] Fajardo Diógenes, “El carnero: crónica novelesca urbana” en coleccionistas de nubes: ensayo sobre literatura colombiana. Bogota, instituto caro y curvo, 2002. Pag. 39
[4] Ibíd. Pág. 39
[5] Reyes, Carlos, “el costumbrismo en Colombia” en manual de la literatura colombiana. Bogota, procultura, 1988. pag. 89
[6] Ibíd., Pág. 89.
[7] Pérez, Vénzala, Valentín. Notas sobre el realismo mágico. Minotauro digital, www.minotaurodigital.net, febrero 2002, Párrafo 1.
[8] Ibíd., párrafo 4.
[9] Ibíd., párrafo 6.
[10] Escobar, Augusto, “literatura y violencia en la linea de fuego” en AAVV, literatura y cultura: narrativa colombiana del siglo xx, Colombia, ministerio de cultura, 2002, pag 324.
[11] Ibíd., Pág. 325.
[12] Urrego, Miguel, Ángel. “La crisis del estado nacional, en Colombia”, en: debates sobre el sujeto, perspectivas contemporáneas. Bogota, Universidad Central. Siglo del hombre editores.2004. Pág 246.
[13] García, Márquez, Gabriel. Cien años de soledad. Bogota, Biblioteca El tiempo. 2001.
[14] Urrego, Ibíd., Pág. 242.
[15] Monroy, Zuluaga, Leonardo. Notas de clase del núcleo: Temas de literatura colombiana. Universidad del Tolima, Semestre B 2007.
1 comentario:
Muy interesante tu mirada del libro.. cuando se lee a García Márquez desde otros puntos del mundo (argentina), hay detalles que se escapan...
Saludos!!
Ludovica
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