Por: Mónica Fandiño Ayala y
Mauricio Gómez.
La modernidad parafraseando a Marshall Berman es: una experiencia vital o una postura filosófica, que se fundamenta en las ideas impulsadas por la burguesía en el siglo XVII, y que conduce al individuo, a adquirir la conciencia del ser y del estar en el mundo. “Ser moderno, es enfrentarse con todo – perdidas y ganancias – a un entorno que ofrece aventura, peligro, poder, subordinación, alegría, nostalgia, crecimiento, transformación, etc”; es cotejarse con el individuo en el tiempo y en el espacio.
Para comprender mejor esta noción, es necesario revisar primero, los conceptos de modernismo y modernización.
Al modernismo, puede definírsele como, un movimiento sociocultural de carácter dialéctico que recoge las ideas de la modernidad, para configurar mediante ellas una esencia artística y promociona, simultaneamente, el culto de lo nuevo por lo nuevo. Y la modernización, se entiende como, todos aquellos procesos sociales, económicos, culturales, científicos y tecnológicos materializados por el modernismo que se derivan del paradigma del pensamiento moderno. Hasta aquí solo hemos diferenciado modernidad, modernismo y modernización, pero, no hemos tratado a fondo el concepto de modernidad, conviene en segunda instancia examinar la evolución de dicho concepto.
La modernidad ha presentado tres fases: la primera fase, se sitúa en los siglos XVII y XVIII, en ella el hombre es conciente que habita un mundo turbulento con continuos y radicales cambios y contradicciones, pero, no existe un público moderno concreto, con el cual, intercambiar las percepciones de su condición. La segunda fase, inicia en la década de 1790 con la Revolución Francesa y se extiende por todo el siglo XIX, en ella surge el gran público moderno, que comparte la sensación de estar viviendo una época de grandes revoluciones en todos los ámbitos de la vida humana. La tercera y ultima fase, abarca todo el siglo XX, aquí el publico moderno se globaliza, se fragmenta y, al mismo tiempo, se da el triunfo de la cultura del modernismo.
En la primera fase, la voz arquetípica es la de Rousseau. Quien percibe con asombro el torbellino de la sociedad de su época, esto es, la conciencia de la fugacidad de las cosas, por eso nos dice que, lo que se ama hoy no se sabe si se amará mañana, Rousseau llega a esta conclusión producto de las exploraciones que hace al paisaje moderno y en las que encuentra, además, ambigüedades y contradicciones. En la segunda fase, sobresalen las voces de Marx y Nietzsche. Marx plantea que la atmosfera moderna proviene de causas sociológicas que ocasionan el resquebrajamiento de la sociedad, la condición del ser humano dentro de la sociedad se configura radicalmente paradójica, así el ser humano debe afrontar su devenir en la historia con las ganancias y pérdidas que esto implique, esto lleva a la individualización del ser. Nietzsche al igual que Marx asume la modernidad con alegría, nos dice entonces, los modernos solo hallan bienaventuranza en tanto se encuentren dentro del violento ritmo social, Nietzsche cree en la relatividad de los valores; en contraposición a Marx, quien profesa confianza en una ética colectiva, como vemos ambos coinciden en que el mundo es fugaz, pero desde orillas distintas.
En la tercera fase, las voces de la modernidad se contraponen. Los futuristas, creen ciegamente en que la evolución de las máquinas llevara al hombre alcanzar el anhelado progreso, pero olvidan, el coste humano que ello acarrea: “al hombre no le queda mas que enchufar la máquina”. En contraste Max Weber, afirma que el ser humano esta preso por los avances tecnológicos que lo vuelven un ser frívolo y unidimensional, sin sentimientos, configurando así una visión escéptica del modernismo, esta fe en las maquinas trajo consigo un efecto de boomerang, ya que, la tecnología se volcó irremediablemente contra el propio hombre.
En suma, el modernismo del siglo XX nos dio una lección que nunca olvidaremos. Este siglo se caracterizo por ser prolífico en el diseño y creación de máquinas que mejorarían la calidad de vida del ser humano, paralelo a esto, las guerras mundiales arrojaron millones de muertos gracias al uso de esta tecnología.
Esto hizo que en los años 60´s apareciera un modernismo que tenia tres tendencias una afirmativa, una negativa y una aislada. En la aislada, se concibe el valor del arte por el arte, es decir, este se sustrae de la realidad y queda limitado a la mera técnica; la negativa, apuesta por un arte cuyo objetivo es mostrar las fisuras de la sociedad modernista, dejando por fuera los aspectos positivos de esta sociedad; finalmente, la tendencia afirmativa recoge los productos culturales de la industria y propone crear con ellos un arte que evidencie el rol del hombre dentro de la sociedad consumista, olvidando el criticismo que permite valorar los conflictos de la existencia humana.
Como lo afirma Michael Foucault, en esta época los ideales modernos se han diluido, estos le han permitido al hombre fijarse sueños de libertad, pero al no concretarlos ha quedado prisionero de ellos, en otras palabras, las almas humanas se moldean para adaptarse a los barrotes, dentro de este paradigma moderno nunca seremos libres. Todas estas revisiones de la modernidad, comparten la conciencia del ser y del estar en el mundo, no obstante, se radicalizan dejando de lado aquello que caracterizo a las primeras tradiciones modernas – las tradiciones de Rousseau, Marx y Nietzsche – la ambigüedad y la contradicción. Es posible, construir una cultura moderna contemporánea si volvemos a las raíces de la modernidad.
BIBLIOGRAFIA
BERMAN, Marshall. Introducción a la modernidad: Ayer, hoy y mañana. Todo lo sólido se desvanece en el aire, la experiencia de la modernidad. Siglo veintiuno XXI editores, 5ª edición. Colombia, 1989. Pág. 1-28.
Mauricio Gómez.
La modernidad parafraseando a Marshall Berman es: una experiencia vital o una postura filosófica, que se fundamenta en las ideas impulsadas por la burguesía en el siglo XVII, y que conduce al individuo, a adquirir la conciencia del ser y del estar en el mundo. “Ser moderno, es enfrentarse con todo – perdidas y ganancias – a un entorno que ofrece aventura, peligro, poder, subordinación, alegría, nostalgia, crecimiento, transformación, etc”; es cotejarse con el individuo en el tiempo y en el espacio.
Para comprender mejor esta noción, es necesario revisar primero, los conceptos de modernismo y modernización.
Al modernismo, puede definírsele como, un movimiento sociocultural de carácter dialéctico que recoge las ideas de la modernidad, para configurar mediante ellas una esencia artística y promociona, simultaneamente, el culto de lo nuevo por lo nuevo. Y la modernización, se entiende como, todos aquellos procesos sociales, económicos, culturales, científicos y tecnológicos materializados por el modernismo que se derivan del paradigma del pensamiento moderno. Hasta aquí solo hemos diferenciado modernidad, modernismo y modernización, pero, no hemos tratado a fondo el concepto de modernidad, conviene en segunda instancia examinar la evolución de dicho concepto.
La modernidad ha presentado tres fases: la primera fase, se sitúa en los siglos XVII y XVIII, en ella el hombre es conciente que habita un mundo turbulento con continuos y radicales cambios y contradicciones, pero, no existe un público moderno concreto, con el cual, intercambiar las percepciones de su condición. La segunda fase, inicia en la década de 1790 con la Revolución Francesa y se extiende por todo el siglo XIX, en ella surge el gran público moderno, que comparte la sensación de estar viviendo una época de grandes revoluciones en todos los ámbitos de la vida humana. La tercera y ultima fase, abarca todo el siglo XX, aquí el publico moderno se globaliza, se fragmenta y, al mismo tiempo, se da el triunfo de la cultura del modernismo.
En la primera fase, la voz arquetípica es la de Rousseau. Quien percibe con asombro el torbellino de la sociedad de su época, esto es, la conciencia de la fugacidad de las cosas, por eso nos dice que, lo que se ama hoy no se sabe si se amará mañana, Rousseau llega a esta conclusión producto de las exploraciones que hace al paisaje moderno y en las que encuentra, además, ambigüedades y contradicciones. En la segunda fase, sobresalen las voces de Marx y Nietzsche. Marx plantea que la atmosfera moderna proviene de causas sociológicas que ocasionan el resquebrajamiento de la sociedad, la condición del ser humano dentro de la sociedad se configura radicalmente paradójica, así el ser humano debe afrontar su devenir en la historia con las ganancias y pérdidas que esto implique, esto lleva a la individualización del ser. Nietzsche al igual que Marx asume la modernidad con alegría, nos dice entonces, los modernos solo hallan bienaventuranza en tanto se encuentren dentro del violento ritmo social, Nietzsche cree en la relatividad de los valores; en contraposición a Marx, quien profesa confianza en una ética colectiva, como vemos ambos coinciden en que el mundo es fugaz, pero desde orillas distintas.
En la tercera fase, las voces de la modernidad se contraponen. Los futuristas, creen ciegamente en que la evolución de las máquinas llevara al hombre alcanzar el anhelado progreso, pero olvidan, el coste humano que ello acarrea: “al hombre no le queda mas que enchufar la máquina”. En contraste Max Weber, afirma que el ser humano esta preso por los avances tecnológicos que lo vuelven un ser frívolo y unidimensional, sin sentimientos, configurando así una visión escéptica del modernismo, esta fe en las maquinas trajo consigo un efecto de boomerang, ya que, la tecnología se volcó irremediablemente contra el propio hombre.
En suma, el modernismo del siglo XX nos dio una lección que nunca olvidaremos. Este siglo se caracterizo por ser prolífico en el diseño y creación de máquinas que mejorarían la calidad de vida del ser humano, paralelo a esto, las guerras mundiales arrojaron millones de muertos gracias al uso de esta tecnología.
Esto hizo que en los años 60´s apareciera un modernismo que tenia tres tendencias una afirmativa, una negativa y una aislada. En la aislada, se concibe el valor del arte por el arte, es decir, este se sustrae de la realidad y queda limitado a la mera técnica; la negativa, apuesta por un arte cuyo objetivo es mostrar las fisuras de la sociedad modernista, dejando por fuera los aspectos positivos de esta sociedad; finalmente, la tendencia afirmativa recoge los productos culturales de la industria y propone crear con ellos un arte que evidencie el rol del hombre dentro de la sociedad consumista, olvidando el criticismo que permite valorar los conflictos de la existencia humana.
Como lo afirma Michael Foucault, en esta época los ideales modernos se han diluido, estos le han permitido al hombre fijarse sueños de libertad, pero al no concretarlos ha quedado prisionero de ellos, en otras palabras, las almas humanas se moldean para adaptarse a los barrotes, dentro de este paradigma moderno nunca seremos libres. Todas estas revisiones de la modernidad, comparten la conciencia del ser y del estar en el mundo, no obstante, se radicalizan dejando de lado aquello que caracterizo a las primeras tradiciones modernas – las tradiciones de Rousseau, Marx y Nietzsche – la ambigüedad y la contradicción. Es posible, construir una cultura moderna contemporánea si volvemos a las raíces de la modernidad.
BIBLIOGRAFIA
BERMAN, Marshall. Introducción a la modernidad: Ayer, hoy y mañana. Todo lo sólido se desvanece en el aire, la experiencia de la modernidad. Siglo veintiuno XXI editores, 5ª edición. Colombia, 1989. Pág. 1-28.
4 comentarios:
Me parecio muy acertado el aporte que haz hecho
me ha ayudado mucho el contenido de este blog
Que es la dialéctica de la modernidad?
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